He de decir que cuando estaba en séptimo de EGB me dieron un libro que tiene el poema que a continuación voy a poner. Me impactó tanto que me lo aprendí de memoria y siempre que quiero hacer la payasa y amenizar alguna fiesta, entre mis representaciones esta la de recitarlo.
¿Tienes testigos?
-Ninguno.
-Capitán, idos con Dios, y dispensad. que acusado, dudara de vuestro honor.
Tornó Martínez la espalda con brusca satisfacción,e Inés, que le vio partirse, resuelta y firme gritó:
-Llamadle, tengo un testigo. Llamadle otra vez, señor.
Volvió el capitán don Diego, sentóse Ruiz de Alarcón, la multitud aquietóse y la de Vargas siguió:
-Tengo un testigo a quien nunca faltó verdad ni razón.
-¿Quién?
-Un hombre que de lejos nuestras palabras oyó mirándonos desde arriba.
-¿Estaba en algún balcón?
-No, que estaba en un suplicio donde ha tiempo que expiró.
-¿Luego es muerto?
-No, que vive.
-Estáis loca, ¡vive Dios!¿Quién fue?
-El Cristo de la Vega a cuya faz perjuró.
Pusiéronse en pie los jueces al nombre del Redentor,escuchando con asombro tan excelsa apelación.Reinó un profundo silenciode sorpresa y de pavor,y Diego bajó los ojosde vergüenza y confusión. Un instante con los jueces don Pedro en secreto habló, y levantóse diciendo con respetuosa voz:
"La ley es ley para todos; tu testigo es el mejor, mas para tales testigos no hay más tribunal que Dios. Haremos ... lo que sepamos; escribano: al caer el sol, al Cristo que está en la vega tomaréis declaración.
Está el Cristo de la Vega la cruz en tierra posada, los pies alzados del suelo poco menos que una vara; hacia la severa imagen un notario se adelanta, de modo que con el rostro al pecho santo llegaba.
A un lado tiene a Martínez,a otro lado a Inés de Vargas, detrás al gobernador con sus jueces y sus guardias.
Después de leer dos veces la acusación entablada, el notario a Jesucristo así demandó en voz alta
-"Jesús, Hijo de María, ante nos esta mañana citado como testigo por boca de Inés de Vargas, ¿juráis ser cierto que un día a vuestras divinas plantas juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla?
"Asida a un brazo desnudo una mano atarazada vino a posar en los autos la seca y hendida palma,y allá en los aires ¡Sí, juro!, clamó una voz más que humana. Alzó la turba medrosa la vista a la imagen santa... Los labios tenía abiertos y una mano desclavada.
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